Autoestima

Nuestra autoestima se fue formando desde nuestra infancia. Es esa imagen mental que tenemos acerca de nosotros
mismos, de cómo lucimos, para qué somos buenos y cuán buenos somos. Todo esto da como resultado una imagen mental que
fue la devolución que nuestro entorno nos fue otorgando, además de nuestras propias creencias acerca de ello.
Todo esto contribuyó a elaborar nuestra autoestima, es decir la estimación que hacemos de nosotros mismos.

Nuestra imagen propia, muchas veces se torna en nuestro peor enemigo, el principal causante de nuestros desaciertos.
Por eso es primordial, evaluar esa autoimagen. En gran medida esa autoimagen va a depender del valor, cariño y
aceptación recibamos de los demás y de nosotros mismos.

Por eso antes de comenzar a aplicar técnicas de autoestima es esencial conocer:

  • Cómo nos ve y nos trata nuestro entorno.
  • Cómo nos vemos y nos tratamos a nosotros mismos.

Sucede que muchas veces, una voz suele modelar a la otra. Si desde niños oímos valoraciones negativas en cuanto
a nuestra persona, es posible que se acople esta valoración a nuestra propia voz, a nuestra autovaloración.

Cuando emitimos juicios sobre nosotros mismos –que por lo general son arbitrarios e injustificados–
tenemos que tener la misma energía para rebatirlos como si alguien nos estuviera haciendo esa crítica.
A veces nos vemos como perdedores sobre algún tema en particular de manera universal y permanente y no somos
capaces de refutar esa afirmación y eso nos genera pesimismo.

A menudo, cuando una adversidad tiene varias causas de por qué se produjo, nosotros tendemos a tomar la causa
más perjudicial, la más insidiosa, la menos salvable, es decir que si algo nos fue mal, nosotros vamos a asimilar
que no podemos solucionarlo y que siempre va a ser así.

Deberíamos preguntarnos ¿hay una manera peor de juzgar los acontecimientos? Si vemos que no, entonces se debe
a que estamos siendo derrotistas y sumamente pesimistas; estamos juzgando todo de la peor manera y eso
está un poco alejado de la realidad. Lo que sucede al juzgar las cosas de la mejor manera es que también
nos alejamos de la realidad, pero es más saludable.

Por eso deberíamos rebatir y observar que hay miles de causas que conforman un problema y que la mayoría
son salvables. Casi siempre nos centramos en las cosas más perjudiciales y nos convencemos de que no se pueden cambiar.
Según Seligman, para la persona pesimista si algo es bueno es temporal (no durará mucho la alegría), específico de
una cosa (sólo me fue bien en esto) y nada tuve que ver con el resultado (fue suerte). Y si es malo, es duradero o
eterno (así es siempre), universal (me arruinará todo) y de mérito propio (la culpa es totalmente mía).
Para el optimista, por el contrario, si algo es bueno es duradero (siempre me va bien), universal (en todo me va bien)
y de mérito propio (tengo talento). En cambio lo malo es transitorio (fue mala suerte), específico de una cosa
(sólo me salió mal eso) y debido a causas externas (otros sabotearon mis acciones).

La automotivación proviene de una decisión propia. Los problemas y la sensación de frustración, estarán presentes
durante toda nuestra vida, sólo nos diferencia la manera en que los enfrentemos. Si el problema tiene solución no hay
que hacerse problema y si no la tiene ¿para qué te vas a hacer problema? Un problema es porque tiene solución, sino
tiene solución no es problema, es un hecho. El estímulo continuo es decirnos todos los días “que podemos”.
Haz el siguiente ejercicio: durante cinco minutos diarios repítete que lo lograrás. Solo eso, con la máxima
concentración, no dejes que otro pensamiento invada tu mente durante esos cinco minutos, respira profundo y hazlo.

Cree en ti

Si yo te digo que escribas 50 cualidades que tienes para sobrevivir en este mundo, 50 cosas buenas que tienes,
50 capacidades, seguramente te quedarías corta, te sobrarían los dedos de la mano para enumerarlas.

Sin embargo, si yo te digo que hagas una lista de 50 de tus defectos, seguramente completarías la lista
sin ningún tipo de problemas. Haz la prueba, intenta realizar la lista de 50 actitudes o cualidades que
tienes para conseguir lo que quieres.

El truco es el siguiente: imagina que estuviera frente a ti, el hombre o la mujer de tus sueños y te dijera -voy a estar contigo el
resto de mi vida solamente si me puedes nombrar 50 cualidades de ti-

Comienza!

Diálogo interno:

  • Dile a tu mente todo el tiempo lo que quieres, y ella te mantendrá alerta para que cuando se presente
    la oportunidad de conseguirlo, sepas reconocerla o mejor aún, te dará la respuesta de cómo conseguirlo.
  • Programa y planea de forma escrita y visual todo lo que quieres en la vida; objetivos, metas…
  • Anota cada una de las ideas que se te ocurran para lograr eso que deseas y trata de ponerlas en
    práctica lo antes posible, es decir ya!
  • Aléjate de lo que te retrasaría de tu objetivo final o te impediría conseguirlo, de todo
    lo perjudicial, sobre todo de personas que en lugar de alentarte te distraen o subestiman.
  • No pierdas un solo segundo estando en un sitio donde no quieres estar. Seguramente te ha pasado mil veces:
    quieres irte de un lugar pero no lo haces, tienes miedo de despedirte y cuando al fin tomas la decisión,
    ante la menor insistencia a que te quedes, cedes y te quedas ¿por qué? Porque eres débil de carácter.
    A partir de ahora ensaya retirarte, sin dar excusas, ya que eso le da poder a otros sobre tu propia vida.
    Solo vete, saluda amablemente y vete.
  • Nunca te digas que nunca lograrás nada, porque ese mensaje
    quedará instaurado en tu mente, como una roca en tu camino.