amor inteligente

¿Qué es el amor?

Conceptualmente el amor es el sentimiento de afectividad que produce la influencia de algo atractivo a la complacencia particular de cada individuo. Quien ve demasiada belleza en algo, ya sea interna o externa, se sugestiona desproporcionadamente acerca de la misma, volviendo una percepción sensorial en un reconcomio, un nerviosismo que se descifra como emoción, y que a partir de ser identificado como tal, comienza a impregnar, poco a poco, todos los espacios vacíos de la mente, intentando atestarlos de sí. Quien nunca conoció el amor, no sufre en la misma proporción que quien lo conoció y no lo tiene. El cuerpo y la mente se acostumbran a actuar en presencia del amor, de la misma manera en que lo haría con una droga de alta tolerancia, generando una dependencia de éste para su buen funcionamiento. La pérdida de un amor muy profundo, produce una desestabilización y un malestar; no solo psíquico y espiritual, sino también físico.

¿Por qué necesitamos amor?

El amor no nos conduce bajo ningún concepto hacia el objeto amado, sino hacia los propios instrospectos subjetivos de éste. El amor se extiende desde y hasta nosotros. El amor es nuestro y de nosotros; necesitamos amor porque nos necesitamos a nosotros mismos. El amor genera una resonancia íntima que abarca todas las situaciones internas, enteramente conscientes de su estado; enamorarse es sólo una intención, un deseo que se manifiesta como fenómeno afectivo, nadie se enamora sin querer, el amor es forjado íntimamente y constituye un dominio impulsivo a nuestro ser. El objeto que provoca nuestro amor puede no ser de nuestra total preferencia, pero pareciera ser que una vez que el amor nace: nos desborda, y sentimos una necesidad compulsiva de canalizarlo. Soñamos con amar e idealizamos lo que más le convendría amar a nuestro amor, lo que más se asemeje a nuestro gusto, en que desagotar nuestro sentimiento. Pero esta idealización nos conduce a una ansiedad que, casi siempre, logra saturarnos y nos obliga a dirigir todo el amor que nos excede a lo primero que se presenta con pretensión del mismo, pues la ansiedad genera un temor exhaustivo a no conseguir lo que realmente pueda mitigarla y por esto lo descarga indiscriminadamente. El ritmo acelerado de la información y la tecnología fomentan a su vez la disminución del periodo de conocimiento del compañero sentimental. Los avances psiquiátricos y psicológicos, así también como la evolución de la inteligencia del ser humano, les permite conocer o hacer salir a la luz aspectos de las personas que antes se prolongaban intensamente. ¿Qué está sucediendo con nuestra vida sentimental? En la cultura que estamos experimentando, todos los mensajes que recibimos nos indican alcanzar, obtener, llegar, lograr, etcétera. Nuestra reticencia a dar es lo que nos aparta de la expresión más rentable en materia afectiva, ya que los intercambios siempre se miden en base a lo que uno espera y no a lo que el otro está dispuesto a dar. Solo la improductividad toma el dar como un empobrecimiento, como una privación. Para la personalidad productiva en la acción de dar se expresa la vitalidad, la potencia. “Doy porque tengo”, “doy porque puedo dar”.

Los conflictos

Todas las parejas enfrentarán un conflicto en algún momento de la relación, por el simple hecho de que el hombre y la mujer son seres totalmente diferentes. Se dice que el hombre da amor para recibir sexo en tanto que la mujer da sexo para recibir amor. Y esa diferencia crucial da inicio a una relación que semeja a construir un edificio con dos planos diferentes.

La descalificación:

Genera un rechazo que luego se transformará en conflicto, falta de demostración de interés y afecto, volviéndose por resentimiento una continua lucha de poderes. La regla es simple, si quiero ordenarte, primero debo convencerte de que no sirves para nada o de que todo lo haces mal.

La usurpación de los espacios del otro:

El entrometimiento en su privacidad, los celos infundados, las acusaciones y el menosprecio tienden siempre a incrementarse. Si bien lo mejor es que nunca se inicien, o paliarlas al momento, suelen ser en la gran mayoría de los casos, causas de separación. Todo se resumiría si se pusiera un límite preciso y contundente ante cualquier insulto o falta de respeto, pero por lo general, lo que ocurre es que si uno insulta el otro le devuelve o lo tolera y guarda hasta que explota. Por otro lado, hay en la descalificación un erróneo desborde de emociones que nos conducen a hacer críticas hacia la persona, en lugar de hacia las acciones en sí. Supongamos que una esposa o esposo ha llegado tarde a una cita y la pareja le recrimina diciéndole: “Eres un desconsiderado/a, egoísta, siempre me arruinas todo”. Ese es un claro ataque hacia la persona. Lo que correspondería en este caso sería decir: “No vuelvas a llegar tarde” o “podrías llamarme para avisar, no me gusta esperar”. Esa es una crítica constructiva a una acción que queremos que el otro modifique. Las críticas que tienden a destruir a la persona en sí, jamás logran modificar nada, en cambio las críticas hacia las acciones pueden transformarse.

La falta de moderación:

Algunas personas tienen en realidad conflictos internos, y la lucha es contra ellos mismos, mientras que su pareja los observa batirse en un combate que les resulta ajeno. Se enojan y se alteran en vano y luego tienen que acercarse a remediar las cosas o pedir perdón por haberse exasperado sin motivo. Este tipo de conflictos los lleva por ejemplo a un desfasaje de emociones y a un desborde en situaciones provocadas. Sienten necesidad de su pareja, la extrañan, la llaman a altas horas de la noche, no pueden dormir pensando en la otra persona, la consumen, la sofocan y luego quizás pasen dos semanas sin siquiera hablarle, huyen de sus sentimientos porque saben que los está consumiendo. Es similar a si cuando tenemos frío y nos lanzáramos sobre las llamas, sin duda nos calentaremos, pero resultaríamos con varias quemaduras y no tendríamos otra opción que alejarnos del fuego, pero ni bien nos alejemos sentiríamos frío nuevamente. Si por el contrario nos mantuviéramos a una distancia considerable del fuego podríamos mantenernos cálidos sin  problemas.

Relación sentimental

El 96 % de las relaciones sentimentales de pareja son conflictivas, casi un 80% de las relaciones que se inician terminan antes del año. El ritmo acelerado de la información y la tecnología fomentan a su vez la disminución del periodo de conocimiento del compañero sentimental. Los avances psiquiátricos y psicológicos, así también como la evolución de la inteligencia del ser humano, les permite conocer o hacer salir a la luz aspectos de las personas que antes se prolongaban intensamente. ¿Qué está sucediendo con nuestra vida sentimental? En la cultura que estamos experimentando, todos los mensajes que recibimos nos indican alcanzar, obtener, llegar, lograr, etcétera. Nuestra reticencia a dar es lo que nos aparta de la expresión más rentable en materia
afectiva, ya que los intercambios siempre se miden en base a lo que uno espera y no a lo que el otro está dispuesto a dar. Solo la improductividad toma el dar como un empobrecimiento, como una privación. Para la personalidad productiva en la acción de dar se expresa la vitalidad, la potencia. “Doy porque tengo”, “doy porque puedo dar”.

Estamos atravesando una etapa sombría para las relaciones de pareja, años atrás la opción más viable o la tendencia era salir de la casa de los padres para ir a vivir en pareja hoy en día la tendencia es irse a vivir solo. Desencuentros, competencia, asperezas, enfrentamientos y rencores, esos son los sentimientos más comunes entre un hombre y una mujer por estos días. Los principales mediadores no son los amigos que los conectan o los psicólogos que los ayudan a seguir juntos, sino los abogados que los separan. ¿Cómo podemos cambiar esta situación?

Demarcación inmediata de límites

Los roces son casi imposibles de evitar, pero solo se pueden sobrellevar con una demarcación inmediata de límites.
Lo que ocurre en casi la totalidad de las parejas es un exceso de tolerancia que estalla sorpresivamente. Dejamos pasar
un insulto, menosprecio, o no decimos que algo nos disgustó. Lo dejamos pasar una, dos, tres, incontables veces. Cuando
nos saturamos y nos cansamos de tolerar, decimos “¡basta!”. Pero no lo decimos de manera serena y calmada como hubiese
ocurrido si lo planteábamos la primera vez que sucedió, por el contrario, vendrá acompañado de reclamos, reproches, enojo,
descontento, insultos, gritos y hasta llantos. Porque la ira no solo es acumulativa, sino también progresiva y mutante, es
decir, que no solo se incrementará, sino que además aparecerán nuevos y peores sentimientos. Ejemplo: nos insultan y sentimos
rabia, nos insultan nuevamente y sentimos rabia e impotencia y arrepentimiento por no haber contestado la primera vez, ganas
de golpear al otro y demás.

La demarcación inmediata de límites no supone pelear, sino que significa evitar una pelea futura aún mayor. Establecer los
límites de manera inmediata es evitar una ruptura posterior.

Desentendimiento

Cuando el hombre o la mujer están en etapa de enamoramiento, en el cerebro se liberan algunas sustancias, entre ellas, la
dopamina. Cuando el hombre tiene un orgasmo, libera una considerable cantidad de endorfinas, que combinadas con la dopamina
producen una sensación de somnolencia, adormecimiento y relajación. Por lo tanto luego de tener sexo, desea dormir. En la mujer,
en cambio, cuando tiene un orgasmo se libera adrenalina, que combinada con la dopamina genera fragilidad, lasitud; se siente
vulnerable, insegura; por lo tanto necesita contención. Pero ¿qué sucede? Él necesita descansar y cuando ella quiere abrazarlo
para paliar su angustia, a él le molesta, cree que es solo un capricho infundado, y ella cree que él no la abraza porque los
hombres solo quieren sexo y no les interesa nada de la mujer. En realidad ambos se equivocan, son necesidades físicas, el
organismo le pide a uno dormir y al otro buscar contención, y esas necesidades orgánicas no se satisfacen si los dos las ignoran
como lo que son: necesidades. Por lo que, lo único que resolvería esta lucha sin tregua es que el hombre la contenga por algunos
minutos entendiendo la necesidad de su compañera y que ella comprenda que él necesite descansar y no pretenda que la abrace
durante dos horas. Tan simple como eso, pero la raíz de este problema que hemos traído a colación es la falta de conocimiento,
si no entendemos cómo funciona la otra parte, jamás podremos resolver los conflictos.

Lo que arrastra cada parte

Cuando una relación comienza, cada una de las partes trae consigo diferentes opiniones, vivencias, experiencias y comportamientos que pueden confrontar con el otro. Lo que ocurre en la mayoría de los casos es que al empezar la relación se inicia con ella una guerra por territorio. Ambos comienzan a hacer trabajo de hormiga para lograr cambiar o imponer ideas o prioridades,  ninguno quiere ceder ni mantenerse neutral, se actúa, en efecto, como en estado de guerra.

Problemas no resueltos

Es posible que traigamos con nosotros muchas inseguridades, frustraciones, rencores y demás limitaciones que, al momento de comenzar una relación transmitimos o evidenciamos con el continuo trato, convivencia o enlace sentimental.
Un claro ejemplo es lo que sucede cuando una de las partes tiene padres separados y arrastra la inseguridad en la pareja. Esa inseguridad, se vuelve un miedo constante y a su vez ese miedo convierte en realidad lo que tanto se teme.

50 y 50

Cuando dos personas deciden comenzar una relación de pareja, cada una asume un 50% de la relación. Los primeros conflictos se inician cuando una de las partes quiere obtener más porcentaje de poder, es decir, invadir el territorio del compañero, imponer limitaciones y a su vez otorgarse libertades. Comienza la voz: “Yo voy a donde quiero, pero tú te quedas aquí”. Cuando una de las partes quiere subir un escalón por sobre su pareja, inevitablemente, la ascensión es doble, ya que una libertad para mí, implica indefectiblemente una limitación para el otro. El cálculo es simple: si la relación es el 100% y cada uno conforma un 50%, si uno se eleva a 51% indefectiblemente el otro quedará en 49%. Ejemplo: me despierto a la mañana, me miro al espejo y me siento lindo, los ejercicios me hicieron bien o la dieta está dando resultado, pero si esta afirmación me lleva a decirle a mi pareja: “Y tú, deberías bajar de peso”, entonces nos elevamos y rebajamos a la otra persona. ¿Por qué?, porque al vernos mejor física, intelectual o económicamente, comenzamos a fijarnos si lo que tenemos al lado está a nuestra altura, y por lo general no lo está, al menos para la creencia que forja nuestro ego, siempre merecemos algo mejor, por eso minimizamos las cualidades de nuestra pareja y comenzamos a puntualizar cada uno
de sus defectos.

Pedir perdón y perdonar

La mejor definición de arrepentimiento que he oído fue en una clase de religión, decían que el arrepentimiento constaba de cuatro partes:

1.Reconocer el error cometido

2.Sufrir por el daño que hemos causado

3.Pedir perdón

4.No volver a cometerlo

Dicho así parece más que sencillo, pero lo que sucede es que nadie reconoce que se equivocó. Aunque la mayoría sufre
por haber causado daño, a todos les cuesta horrores pedir disculpas y a quien no le cuesta tanto, nunca termina por
perdonarse a sí mismo que es más o menos lo mismo. En la religión evangelista se dice que el perdón debe ser como el de
los niños, los niños se pelean y a los pocos minutos están jugando nuevamente como si nada hubiese pasado, y expresa
también que cuando una persona comete un error y le pide perdón a Dios y éste lo perdona, esa persona quizás vuelva a
cometer el mismo error y le pide nuevamente a Dios: “Dios, perdóname por haber cometido el mismo error”. Y Dios le responde:
“¿Cuál error?” Porque él ya se olvidó. Por eso cuando perdonamos, debemos olvidar. Muchas personas dicen perdonar, pero luego
ante la menor discusión regresan a reprochar aquel error que dijeron haber perdonado, entonces es que no lo han hecho.

La gente que no reconoce sus errores, jamás progresa, no avanza, se queda estancada. Reconocer un error consta de tres
factores que deben darse en el interior de la persona:

Valor

Inteligencia

Humildad

Idealización

Tendemos a idealizar a la pareja, nos hacemos la idea de cosas que solo están en nuestro autoconvencimiento, presionamos
para que nos digan y nos prometan cosas y luego nos desilusionamos, reprochamos, damos por supuesto que las personas son
infieles, desagradecidas, inmaduras, todo esto sin determinar cada caso en particular.

Similar es el caso cuando, por ejemplo, nuestra pareja nos deja por alguien más. Lo primero que pensamos es “¿cómo pudo
hacerme esto a mí?” o “la otra persona es mejor que yo”. No, no te hizo nada a ti y nadie es mejor ni peor que tú, solo
pensó en su felicidad, y no en la tuya. Y es obvio, y no quiere decir que la otra persona por la cual te dejó sea mejor que
tú, sino que quizás sea más compatible con él/ella, o tiene más afinidad o comparten otros intereses, o tienen más cosas en
común o lo que fuere.

La lucha de poderes

Es probable que en una pareja se genere una lucha de poderes que siempre la gana el que menos siente, quien menos siente
es quien maneja la relación. Cuando se llega a este punto, la pareja se encuentra en caída libre.Comienza a sentirse el peso
de la manipulación y el cinismo. Ya no se discute para llegar a un acuerdo o entendimiento, siquiera para transmitir una idea
o concepto, se discute para ver quién gana la discusión.

Un ejemplo claro es el de una pareja donde uno de los dos se acerca a hablar con el otro y es rechazado. Ni bien ocurre esto,
quien acaba de despreciar al otro sale en busca de su perdón y ahora es él quien sufre el rechazo. Esta lucha de poderes, en donde
siempre se disputa el manejo de la situación –que nunca acaba bien–, genera rencores, reproches y termina en un desentendimiento y
distorsión de la realidad, estos momentos son exclusivamente perdidos y vanos. Tenemos que comprender que la única finalidad de una
pareja es sentirse bien. No trasladar la lucha entre el hombre y la mujer a un matrimonio o familia.

El doble discurso

Tanto en las personas que dicen sí cuando en realidad quieren decir no, como cuando juegan un papel duro y en realidad por
dentro están llorando, están trabajando el doble discurso. El doble discurso es similar al insulto, la falta de respeto, y el
menosprecio, todo en un solo cóctel. Decir que uno odia el rencor y ser rencoroso es un doble discurso.

Las situaciones de doble discurso generan resentimiento. Tanto el hombre que trata mal a una mujer queriéndola tratar bien,
como la mujer que dice no cuando en realidad quiere decir sí, y situaciones por el estilo, convergen en un rencor acumulativo
que tarde o temprano desencadenará un conflicto.

Deshacernos del doble discurso es minimizar la irritabilidad de la pareja. En la película Conviviendo con mi ex hay
un ejemplo clarísimo de doble discurso: la mujer le reclama al marido que él nunca le había regalado flores, y él le responde que
en su primera cita ella había asegurado que odiaba las flores, este tipo de situaciones son excesivamente irritantes y desgastan
la pareja. Si alguien dice que odia las flores, no pretenda nunca que se las regalen y si no era cierto lo que dijo, deberá indagar
en su interior por qué ha dicho algo que no era cierto y cómo resolverá esta situación, pero nunca se debe culpar al otro de no haber
entendido entre líneas el doble discurso, porque, muchas veces, el otro sí lo ha entendido, pero no tiene la obligación de seguir
un juego absurdo.

Comentarios fuera de lugar

La sinceridad muchas veces es asimilada como una virtud y otras como una agresión u ofensa. La sinceridad tiene valor solo en
los términos en que no linde con la crueldad o la grosería. Sino pasa a formar parte de los comentarios fuera de lugar.

Muchas personas hablan delante de su pareja de sus antiguas o actuales conquistas, y además de ser de mal gusto, eso solo habla
de la inseguridad de la persona. Otras hacen bromas acerca de defectos físicos o situaciones delicadas en la pareja, todas esas
cosas no hacen más que enfriar a la relación.


Los comportamientos

Tratar a personas difíciles

Lo primero que debemos tener en cuenta al tratar a personas difíciles es saber que no lo vamos a cambiar.

 

Hay dos tipos de enojo:

1.El enojo justificado: es típico en personas que se sienten agraviadas o que no les prestan atención y es por donde vamos
a comenzar, prestándole atención, comprendiendo su punto de vista y en lo posible unirnos a su causa al menos en ese instante.
Frases como “comprendo como te sientes” son esenciales, para confraternizar. Por lo general tratamos de comprender a los demás
recurriendo a la comparación con nuestras experiencias, miramos dentro de nosotros mismos para entender a otro y esto casi nunca
da resultado.

2.El enojo táctico: es utilizado como medio para un fin determinado, utilizan la misma técnica que un niño cuando llora, lo
mejor es tratarlo como a lo que está imitando: como a un niño, cuando se canse de llorar acabará, nunca permitas que se salga
con la suya, y nunca permitas que te falte el respeto, retírate del lugar o date la vuelta. Jamás seas cómplice de esta manipulación.

 

El negador:

Al negador se lo contrarresta con solo un NO y ese NO, anula al primero. Cuando entro a un lugar nuevo, lo primero que digo es:
“soy un imbécil y no vengo a convencerlos de nada”, porque lo primero a lo que me enfrento es a la negación del otro que dirá
¿quién es este imbécil y de qué quiere convencerme? Entonces al iniciar mi charla con lo opuesto a su negación hace que el
concepto que tú “supuestamente” tenías de mí, antes de que yo me presentara, dé un vuelco, es decir se anule. Si alguien es
lo suficientemente inteligente para admitir ser un imbécil no es tan imbécil.

 

La persona enojada:

La persona histérica y colérica tiende a generalizar, vayamos a un ejemplo concreto: nuestra pareja se queja de que
“¡todos los días haces lo mismo!…” conservando la calma y con una total serenidad sin entrar ni por un instante en su
juego le preguntaremos: “¿todos los días?” Allí se verán obligados a justificar su agresión y generalización de los hechos:
“bueno no todos los días, pero ¡casi todos!” ya ha bajado un escalón, ha comenzado a dar explicaciones y al menos en una frase
no gritó. Allí diremos: “no me había dado cuenta te pido disculpas” en este momento se pondrá de manifiesto la condición de
docente “sí claro, tú nunca te das cuenta y yo tengo que decirte todo…” Como podemos ver, el enojo se desmorona con la lógica.

 

La persona habladora:

Intervén lo menos posible en su conversación, déjalo que hable si eso le hace feliz, cuando te aburras de escucharlo hazle
saber que está más que interesante la charla, pero que debes tener un espacio de expresión tú también.

La persona poco comunicativa:

Haz que hable, bombardéala con preguntas y que sean siempre abiertas, que no puedan ser respondidas con un sí o no simplemente,
sino que lo obliguen a entrar en detalle. La mayoría de estas personas mueren porque alguien indague en sus vidas aunque afirmen
públicamente que odian a los chismosos, lo que sucede es que creen que su vida no le interesa a nadie, convenzámosla de que a
nosotros sí nos interesa.

 

Las personas que no escuchan:

Cuando estés hablando con este tipo de personas, pregúntale: “¿qué te dije?” Eso pondrá de manifiesto alguna explicación o
las respectivas disculpas por no haberte prestado atención. A veces las personas no escuchan simplemente porque son distraídas,
allí simplemente nos queda hacer todo lo posible por captar su interés, si no lo logramos somos malos conversadores.

Adrenalina y endorfina diferencia crucial entre el hombre y la mujer

Desde un comienzo la mujer se ha convertido en madre, esposa y amas de casa. El hombre por su parte, ha desempeñado el papel
de proveedor, ya que si la mujer se queda en la casa, el hombre es quien debe salir a buscar el alimento y la vestimenta. Incluso
las mujeres más modernas traen estas ideas tan arraigadas dentro de sí, debido a la memoria grababa por miles hasta millones de años
en el código genético, que solo les llama la atención un hombre que pudiera ser solvente, proveedor y padre de familia. En la visión
contextual que la mujer hace del hombre entran los siguientes conceptos: cómo se viste, qué automóvil conduce y en los menos casos
cómo se comporta con respecto a los niños, ya que estos son los primeros indicadores de que es un hombre que puede llegar a sostener
un hogar. Las diferencias marcadas que existen entre el hombre y la mujer no deben, irreductiblemente, ser motivo de desentendimiento,
sucede que frente a la misma situación hombres y mujeres reaccionan de maneras diferentes debido a su biología, piensan de manera
diferente por causa de su disposición e interpretación, que surge acorde a cómo está conformado su razonamiento. Uno puede actuar
y pensar de manera prodigiosa mientras que el otro puede no resolver la cuestión, cuando la gente habla de complementarse en realidad
nunca se ha complementado. Complementar es aprender de los aciertos e implementarlos a tu vida, es decir el hombre tiene la facultad
de poder dividir sus pensamientos, ejemplo: me comprometo a ayudar a un amigo que necesita que su hijo apruebe una materia que a mí
me resulta muy fácil. Discuto con mi amigo, y me enojo con él, sin embargo a la noche voy a enseñarle a su hijo lo que prometí,
primero para no faltar a mi palabra y segundo porque el chico no tiene nada que ver con la discusión que tuve con el padre. Porque
el hombre tiende a dividir sus pensamientos y emociones. A una mujer se le hace una crítica acerca de cómo manejó una situación con
su hijo, y a la noche cuando el marido quiere tener sexo con ella, ella se resiste, aunque él trate de hacerle entender que la
crítica ha sido a ella como madre, no como mujer, ella no lo entenderá porque tiende a agrupar sus ideas y sentimientos.

Por lo general cuando el hombre llora no quiere a nadie a su lado, en cambio la mujer necesita a alguien a su lado, pero más
que nada porque los procesos del llanto en el hombre no son conducidos de la misma manera que en la mujer.

Es muy improbable que un hombre realice una tarea que no le agrada, salvo que le paguen por ello o que esté de algún modo obligado
a hacerlo. La mujer sin embargo se queja constantemente por tareas que está realizando por las que nadie le paga y que no está
obligada a hacer, las realiza porque piensa que nadie las podría hacer mejor que ella y que además si no las hace ella nadie más
las hará.

La mujer necesita sentirse necesitada, valorada, útil, el hombre necesita sentirse admirado. La mujer se siente realizada cuando
se siente completamente amada, el hombre alcanzando los objetivos que se propone. Para la mujer son más importantes los procesos,
en tanto que para el hombre lo son los objetivos.

Igualmente en lo sexual, el hombre se centra más en la penetración, la mujer en el juego previo y en el después del acto.

La mujer resuelve los conflictos hablando, el hombre en silencio. El hombre divide sus pensamientos, la mujer los agrupa.
El hombre realiza en concentración una tarea a la vez, la mujer puede hacer varias cosas a la vez.

El hombre necesita tiempos personales, de recreación y para estar con sus amigos. A la mujer le cuesta mucho darse tiempo
para ella misma sin sentirse culpable, siquiera para ir al baño se toman el tiempo necesario, incluso entran con sus hijos
para no dejarlos solos.

El hombre encuentra los motivos de su felicidad o infelicidad en los obstáculos que encuentra, la mujer responsabiliza a
otras personas. En el campo sexual tienen la sensación a nivel cultural de que el deseo sexual no es algo que les pertenezca
sino algo despertado por otro y si no lo despierta, el otro no supo hacerlas disfrutar. Esto quizás se deba a que en apariencia
el cuerpo del hombre está diseñado para poder ser disfrutado por el mismo, la erección y la masturbación es algo visible.
En cambio el cuerpo de la mujer pareciera haber sido diseñado para ser disfrutado por otro.

Espacios compartidos e individuales

Date tiempo para ti.

Las causas más frecuentes de infelicidad femenina consisten en:

La dificultad para otorgarse tiempos personales. La queja continua. Creer que la felicidad es algo que se encuentra
fuera de sí mismas. El pensamiento de lo que “debería ser”

El hombre por lo general tiene dos causas latentes de infelicidad.

No solucionar los problemas que se le presentan. No alcanzar los objetivos que se ha propuesto.

 

Opciones y decisiones

Imagine que le apuntan con una pistola ¿cree que allí pueda tomar realmente una decisión? Si en ese momento pudiera
realmente decidir decidiría que el sujeto deje de apuntarle. Las decisiones son solamente aquellas que tomamos en plena
libertad y conocimiento de los hechos. Voy a dar un ejemplo tácito: contraer matrimonio es una decisión. Luego el divorcio
es una opción a esa decisión.

Cada vez que alguien dice que tomó la decisión de divorciarse en realidad se está equivocando de expresión y de parámetros.

 

Grandes coleccionadoras de imbéciles

Hay un tipo de amor diferente al amor de amistad, práctico, obsesivo y altruista, es el amor ideal, el amor que tenemos en
la cabeza y que con el tiempo aprendemos a dejar de lado, ya que nos vamos dando cuenta de que algo así no existe, pero no se
refiere a las personas, sino al tipo de amor. Y aprendemos a olvidarlo. Ese amor no existe porque no hemos sido educados para
darlo, ni para experimentarlo. “Busca a tu príncipe azul”, “busca el amor verdadero”, son órdenes que recibes desde niña, pero
más tarde se contraponen con otra orden: “búscate un hombre con dinero o que te convenga”. “Búscate un hombre que te trate bien
y que te ame”, escuchas decir a una mujer que se casó por interés y se separó por violencia familiar. Y luego escuchas, las
mujeres nacimos para aguantar, los hombres son una basura.

Una mujer ve como su padre golpea a su madre. Promete que nunca le sucederá algo así. Veinte años más tarde está casada con
un hombre que la golpea, ella lo perdona y al perdonarlo lo está permitiendo. Si dependemos de la persona con la que estamos en
conflicto. Necesidad y conflicto quedan unidos.

Muchas abandonan este tipo de relaciones, pero al poco tiempo vuelven con esa persona. Esos regresos ilógicos solo persisten
en intentar reconstruir una situación devastada e incrementar las ruinas de una relación hecha polvo. Antes de retroceder es mejor
quedarte donde estás.

Sucede con este tipo de mujeres, conformistas en su gran mayoría que se aferran a lo seguro, aunque lo único seguro en este caso
son los ojos morados, temen entablar cualquier nueva relación o emprendimiento, terminan cayendo y siendo devoradas por el
aburrimiento. Luego tienen hijos en estos círculos inaceptables, esperando que la llegada de una nueva vida les dé un cambio en la suya.

Jamás he visto que un hijo le cambie la vida a nadie, si antes eran personas desgraciadas ahora son personas desgraciadas con hijos.
En una pareja feliz, ya sea un hijo como cualquier otra cosa es recibida con felicidad, en una pareja desgraciada un hijo más que
cualquier otra cosa es recibida como una desgracia. Nunca se convenzan de que la llegada de un hijo cambiará o reparará lo que está
deshecho, porque por lo general solo empeorará las cosas.

Historia de las relaciones humanas

Desde el comienzo el hombre ha tomado el control por la fuerza. Y la mujer ha sabido ceder durante millones años, realizando
un trabajo de hormiga del que hoy vemos sus resultados. Lo había dicho el primer masoquista famoso: “El hombre es quien solicita,
la mujer es lo solicitado, esa es su ventaja única pero decisiva”. Esta frase resume la historia de las relaciones humanas y esta
realidad ha determinado la superioridad de la mujer. Siglos atrás nadie hubiese imaginado que una mujer presidiría un país o se
convertiría en doctora, abogada o jueza. En el deseo del hombre radica la fortaleza de la mujer, en toda negociación pierde quien
está más interesado y salvo en casos aislados que no producen ninguna alteración a la regla, el hombre siempre está en desventaja
con respecto a la mujer.

Mentalmente, un ser es superior cuando utiliza en menor proporción que otro la fuerza y la violencia para resolver sus conflictos.
Al contrario del misógino (nótese que no existe palabra equivalente que pueda referirse a la misma circunstancia en femenino) la mujer
no siente la necesidad de odiar a su par en especie, está consciente de que no tiene propósito hacerlo. El esclavo odia a su amo por
estar relegado a su mando, pero el amo no guarda ningún rencor hacia su esclavo, y el hombre, en tanto su pasión por el cuerpo de la
hembra humana se lo demande, seguirá siendo esclavo de su deseo. El misógino asume el carácter de doble interpretación, no odia a la
mujer en sí, odia tener que amarla, odia lo que ella le genera.

Si bien la conformación del cerebro del hombre lo llevan a ser mucho más práctico que una mujer, en lo que se refiere a resolución
de problemas, a largo plazo esa misma practicidad ha dado origen a la degradación del planeta, la mujer al ser mucho más contemplativa
hace un rodeo más amplio al resolver una trama, revisa variables que el hombre define sobre la marcha y que lo condujeron al día de hoy.

Conformación de las relaciones

Comienza la relación con una serie de momentos mágicos que se van sucediendo y perdiendo fuerza a medida que el conocimiento avanza.
Sin duda el de mayor intensidad es el de la primera cita, este momento de descubrimiento de la otra persona encierra todo tipo de
expectativas, la imaginación es volátil y las sensaciones son tan vívidas como todo en el periodo de enamoramiento.

Prosigue la etapa de las especulaciones, comienza a deshilacharse la relación en suposiciones de las conveniencias y los juegos
de tirar y aflojar que desgastan a la pareja. Se especula en cuanto a lo que el otro siente, en cuanto a cómo reaccionaría en una
situación determinada, se especula en cuanto a cómo se comportará en los diferentes roles y en cuanto a lo económico.

Luego viene la etapa de idealización cuando comenzamos a adherir a nuestra pareja cualidades que no le son propias sino que
nosotros quisiéramos que posea.

Más tarde con el correr del tiempo se impone la etapa del acostumbramiento, entra el compañerismo, va desapareciendo la pasión
y se forja un aburrimiento otorgado por una rutina poco imaginativa. Y allí se llega al final de los días o al final de la pareja
en la total apatía.

Enfriar a la pareja

Existen varias frases y conductas que enfrían a la pareja, pueden variar de acuerdo a la personalidad o gusto de cada persona
pero en tanto no lo sepamos lo mejor es evitarlo hasta que estemos bien seguros de que estas cosas no enfrían a la pareja.

    • Preguntar por sus relaciones anteriores o hacer que tu pareja te compare con relaciones
      anteriores.

 

    • Preguntar ¿me quieres? Eso no se pregunta eso se demuestra o se expresa, y si por
      alguna razón la otra parte no lo expresa no se debe presionar para que lo haga.

 

    • Pedir dinero prestado a tu pareja. Este es un tema muy delicado sobre todo porque
      si no hay una confianza muy grande la otra persona tiende a pensar inmediatamente en el interés de la relación. Debemos evitar
      pedir dinero.

 

    • Preguntar si tu pareja te está engañando. Aunque no quieras ese es un papel lastimoso
      si tú piensas que hay muchas personas mejores que tú entonces seguramente transmitirás eso y es probable hasta que convenzas a tu
      pareja de eso.

 

  • Contar que otras personas están interesadas en ti, o que te invitaron a salir o
    tuviste una propuesta sexual, eso solo habla de que tienes una baja autoestima y de tu inseguridad. Por general lo que una
    persona quiere lograr a través de este tipo de comentarios es que se entienda: “cuídame bien, mira que hay muchos o muchas
    con interés en mí” pero en realidad lo único que están logrando es que la otra persona piense: “si tienes tantos pretendientes
    ¿qué diablos haces perdiendo el tiempo conmigo”.

Celos enfermizos

En los celos existen tres personas: yo, la persona amada y un supuesto “otro” causante de todos los problemas en la pareja. Este
“otro” puede ser real o imaginario, poco tiene que ver. El corolario de esta relación trípode es que acaba por alejar a la persona
hacia ese “otro” imaginario, que no es más que el espejo de las propias falencias de la persona que siente los celos y que estos se
apoderan poco a poco de su inteligencia dominando su comportamiento y sofocando sus emociones. La persona celosa elaborará un “otro”
que justamente carezca de sus mismos defectos, en su mente. Estos celos son enfermizos desde su concepción y nunca tienden a disminuir,
solo a incrementarse. Aunque toda relación por más violenta y conflictiva que pueda ser o parecer, tiene salida, siempre y cuando
exista la voluntad de encontrarla y reparar lo que está dañando la relación.

Los celos pueden presentarse en cualquier tipo de relación y pueden ciertamente tornarla insostenible. Los celos atosigan, aplastan,
sofocan, hieren e irritan a cualquiera de los miembros de la relación.

Celos por preferencia: este tipo de celos se basan en la premisa del centro de atención, algunas
personas necesitan que se les preste rigurosa vigilancia. Y sienten un malestar cuando dejan de ser el centro de atención de su pareja,
necesitan ser los preferidos, a los que primero se tenga en cuenta. Podría deberse a que si su pareja es el centro de sus
pensamientos pretenden que los pensamientos de su pareja se centren en ellos.

Celos por territorio: este es un tipo de celos primitivos que vienen guardados en el
código genético, con la proximidad de un posible rival, y con la buena predisposición de la pareja a recibir a ese posible
rival, se forja este tipo de celos que se puede volver violento.

Celos generales: estos celos no tienen un generador específico sino que se forjan por la
propia inseguridad de la persona, tienen celos de los hijos de la pareja, de los hermanos, amigos, compañeros de trabajo,
vecinos, y en general de cualquier persona que se relacione con su pareja.

La separación

La última instancia, cuando la relación ya no puede sostenerse bajo ningún punto de vista. Cuando se ha llegado a la violencia,
cuando se ha perdido el respeto por la pareja o cuando simplemente la persona dejó de interesarle al otro, o hay otra persona más
interesante, la pareja decide separarse, por lo general es uno de los dos el que toma la decisión. Y esta decisión viene cargada
de un sinfín de factores previos y falencias por parte de la otra persona.

La falta de consideración, la no colaboración en los temas que refieren a la pareja, la ausente demostración de afecto,
la incapacidad de reconocer un error, todo esto contribuye al deterioro de la relación y finaliza con la disolución de la misma.
La persona mediocre es incapaz de reconocer un error, se queda callada ante la evidencia de que se equivocó, pero nunca pide
disculpas. Es obstinada y continúa la discusión hacia otros canales. Una persona razonable por medio de una cadena de pensamientos
lógicos, analiza errores y aciertos reconociendo ambos.

>Por lo general una pareja tuvo varios indicadores de que la relación no está funcionando bien. El no prestar atención, o
asumir estos indicadores suele producir que la relación se disuelva sin que nos demos cuenta.

¿Cómo lograrlo?

 

Diferentes tipos de amor

El amor de amistad: Surge cuando dos personas comienzan como amigos,
comparten un interés común y disfrutan haciendo cosas juntos, en un clima creciente de ternura y calidez.
Poco a poco descubren su intimidad y la amistad se transforma en amor. Si este tipo de
pareja decide separarse pueden ser capaces de continuar siendo amigos.

El amor práctico: Dos personas tienen un retrato de la pareja que necesitan en cuanto a
personalidad, intereses y nivel social y sostienen que lo importante es la compatibilidad y que cada uno
satisfaga las necesidades del otro.

El amor obsesivo: Es por lo general exigente y busca poseer a la otra persona, su existencia
puede llegar a depender de la persona amada. Temen ser rechazados y no soportan que les dejen de prestar atención. Este
amor puede llevar al éxtasis pero también a celos furiosos, desesperación y final trágico.

El altruista: Implica una entrega desinteresada sin exigencias de reciprocidad, es sacrificado,
paciente y antepone la felicidad de la persona amada a la propia.

 

Diferentes formas de elegir

Elegir con la cabeza: Esto significa que tendremos un deslumbramiento por la inteligencia o
que nuestra inteligencia nos condiciona a elegir basándonos en el intelecto, tiene que ver con lo calculado y el meticuloso diseño
de la relación. Pero la relación durará lo que duren los proyectos o los objetivos en común.
Elegir con inteligencia de acuerdo al mapa que tengo de la persona que quiero como pareja y también elegir por
compatibilidad y planeamiento común, conducirá a que a mitad de la vida, tal vez con hijos en común, se
descubran sin ser compañeros o sin siquiera amarse. Se encuentran en una suerte de
acompañamiento lógico.

Elegir con el corazón: Elegir con las emociones por un sentimiento intenso de pasiones que
consumen al amante significa esa elección que no pasa por lo económico ni por lo ideal, sino más bien por lo físico. Esta es una
elección por sensaciones, son primordiales caricias, besos y sobre todo sexo. Pero la relación
durará lo que duren las sensaciones, es similar a escuchar nuestra canción favorita, la sensación de oírla es maravillosa, oírla
todos los días, todo el tiempo, durante diez años seguidos, hace que se vuelva insoportable.

Elegir con el espíritu: Significa que en el plan eterno, en ese reflejo de lo que somos como
esencia, vemos hacia un futuro nuestro espíritu y allí mirándonos por dentro, vemos a la persona amada. Cuando
se presta atención al espíritu de una persona, a esa fuerza que la impulsa, la fuerza se contagia, se complementa y se une más
tarde la cabeza y el corazón porque el espíritu es lo que da impulso a todo lo demás. Cuando se elige con el
espíritu cada encuentro con esa persona es un crecimiento, incluso se obtiene una libertad lejos de los celos
y las competencias, no se puede competir con lo que te produce un bienestar, no podríamos competir con el alimento o enojarnos
con el aire que respiramos.

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