Taller de Superación personal

¿Quién dijo que no podías?

«No te engañes a ti misma con que algo es imposible solo porque no tienes el valor de intentarlo».

¿Nunca te preguntaste por qué una persona gana fortunas y otra apenas llega a fin de mes? Si todos somos en consistencia iguales y disponemos de la misma cantidad de horas. La persona más rica del mundo no tiene un solo segundo más que la más pobre del mundo. ¿Por qué hay gente que alcanza a cumplir con todos sus objetivos y a realizar sus sueños y otras que no? Si todos tenemos sueños y deseamos que se cumplan…

Hay gente que piensa y siente como le dicen que lo haga, es decir, almacena ideas de otros sin siquiera ponerse a meditar si son ciertas, exactas o reales. Pueden ser comparados con cajas de resonancia, escuchan y repiten. Si escuchó de sus padres que el suicidio es una cobardía, siquiera indagará en las secuencias lógicas o pensamientos encadenados que llevaron a su padre a pensar como lo hace, acerca del suicidio. Él lo escuchó y lo repite, y seguramente su padre también. Este simple ejemplo sirve como testimonio directo de todo lo que en nuestra vida asumimos como cierto o valedero, sin siquiera ponernos a analizar si realmente es información confiable, ¿por qué? Porque tenemos miedo al desacuerdo, a pensar distinto, a no tener la mirada aprobatoria de los demás. Y nos convertimos en personas rígidas, porfiadas y testarudas, justamente por el rencor hacia quien sí se animó a ir más allá de esos conceptos básicos y arcaicos, y se dispuso a pensar por sí mismo. La gente rígida nunca aprende nada nuevo, vive enmarcada en parámetros preestablecidos, hacen lo que se espera que hagan y piensan como los demás quieren que piensen. Nunca arriesgan, se aferran a lo seguro y por lo general temen entablar cualquier nueva empresa. Pero ese no es el principal problema, el inconveniente radica en que la vida pasa y uno muere sin nunca hacer lo que quiere, lo que le gustaría… ¿Cuántas veces oímos el consejo de los mediocres? ¿Actuamos como ellos esperan que actuemos, llenos de carencias y limitaciones?

Si comenzamos a vivir bajo nuestros propios preceptos, de lo que esperamos de nosotros mismos, es decir, de lo que queremos hacer con nuestro tiempo, evitaremos así caer en la trampa de exteriorizar culpas, en hacer cargo a los demás de lo que nos pasa y sobre todo, de vivir la vida de otra persona. Las decisiones que tomé o dejé de tomar me hacen responsable de lo que pienso y siento, no es apropiado vivir en otro tiempo que no sea el ahora, la nostalgia por el pasado o la ansiedad por el futuro solo nos retardan. Estaremos expuestos a las críticas, desaprobaciones y desacuerdos de muchos, pero preguntémonos: ¿qué hizo mejor que yo la persona que me critica? Y, con su desaprobación, ¿cambia en algo mi vida? Conformar a los demás es una tarea inagotable e innecesaria, además de ser una pérdida de tiempo que no nos produce ningún beneficio. En la película Lo que el viento se llevó, se recalca una frase que viene a colación con este argumento: “No pierdas el tiempo, es de lo que está hecha la vida”.

No te sigas mintiendo, tú puedes ser mejor.

Nacemos para morirnos algún día, esa es una realidad que nadie puede negar. Las metas, sueños y deseos, son elementos que ponemos entre nosotros y nuestra muerte, para distraernos y no pensar en que vamos a morir. En realidad toda angustia es una angustia de muerte, ese es nuestro miedo y nuestra tristeza última: saber que vamos a morir. Cuando una persona no tiene un objetivo en la vida, por lo tanto piensa muy seguido en la muerte y acaba por deprimirse.

Si una persona se autolimita, se vuelve una persona rígida. Esa misma rigidez le impone nuevos límites, tornándola en un callejón sin salida por un proceso de retroalimentación y jamás podrá escapar hasta que no se permita una oportunidad a sí misma. La mayoría de las personas piensa que si uno quiere ser millonario, o famoso o lo que fuera, tiene que haber nacido con un don, o en una familia muy rica, etcétera. Esa misma rigidez de pensamiento lo llevará a que nunca intente nada y a conformarse con solo sobrevivir, es decir ser un animal: vivir para comer. No puedo porque es imposible, y si es imposible no voy a poder, y si no voy a poder ¿para qué lo voy a intentar?

Estoy en camino…

Le dijeron a Edison que antes de inventar la bombilla eléctrica tuvo doscientos fracasos y él respondió: “No fueron doscientos fracasos, descubrí doscientas formas de no hacer luz y una sola de hacerla”.

Alex Dey da un ejemplo contundente, nos dice: “Imagínate que soy un genio que sale de una botella a concederte un deseo, pero sólo tienes cinco segundos para pedirlo… 4… 3… 2… 1… Se acabó tu tiempo ¿supiste qué pedir?” Si supiste que pedir, te felicito. Pero la gran mayoría de la gente no sabe qué pedir, ¿por qué? Porque la gente no sabe lo que quiere.

En los últimos años los libros de autoayuda y superación personal están sobrepasando en ventas a cualquier otro género. Esto se debe a que las personas están desesperadas por ser alguien, pero no sabe cómo.

Marc Twain dice: “El mundo se abre camino cuando ve pasar a un hombre que sabe a dónde va”.

Primero debemos establecer qué es lo que queremos, para luego poder planificar de qué manera vamos a conseguirlo, para eso deberemos estar absolutamente convencidos de lo que queremos para finalmente ganar la confianza de que lo vamos a lograr.

  1. Establecer ¿qué?
  2. Planificar ¿Cómo?
  3. Afianzar quiero.
  4. Reafirmar puedo.

Consecuencias de la no planificación

La consecuencia de la no planificación es que nos vamos a quedar toda la vida siendo empleados de una compañía X, y ese no es el problema si es que nos gusta y somos felices trabajando allí. Pero la mayoría de la gente no quiere estar donde está, y si te pones a pensar podrás llegar a la siguiente conclusión: los primeros diez años de tu vida te los has pasado en el aprendizaje elemental, es decir en la formación como individuo –aprender a caminar, a ver, a entender, a hablar–. Fueron diez años perdidos; luego duermes aproximadamente ocho de las veinticuatro horas del día, eso constituye la tercera parte, por lo tanto cuando tengas treinta años, diez te los habrás pasado durmiendo. Si además tienes un trabajo de otras ocho horas diarias en el que no quieres estar, y cuando llegas a tu casa detestas tu matrimonio, ¿en qué momento vivirás tu propia vida?..

Sin embargo la fórmula es sencilla: “si me gusta lo que hago, lo hago cada vez mejor y como soy bueno en lo que hago cada vez me gusta más. Si en cambio creo que soy un fracasado entonces creo una personalidad que fracasa y luego con cada fracaso reafirmo mi creencia de que soy un fracasado”.

Si hacemos lo que realmente nos gusta, lo haremos por horas, pondremos lo mejor de nosotros en ello y lograremos los mejores resultados. Cuando estamos haciendo algo que nos da placer, perdemos la noción del tiempo, trabajamos más horas que cualquiera a quien no le agrade ese trabajo, por lo tanto nunca podrá superarnos. Debemos enfocarnos en lo que queremos, una exclusiva fijación en nuestra mente, se la puede comparar con una lupa reflejando el sol, si yo la muevo constantemente, no llegará a quemar el papel, pero si yo la fijo en un punto sin moverla por varios segundos quemará lo que tenga frente de su lente. No puedes concentrarte en miles de cosas a la vez, porque tu mente no sabe en que ocuparse y acaba por no ocuparse en nada. Si bien se pueden querer muchas cosas y tener muchas metas, cada una de ellas requerirá de todo nuestro potencial, así es que sería conveniente llevarlas a cabo una por vez, o al menos no entremezclarlas.

¿Cómo lograrlo?

Debemos establecer metas diarias, semanales, mensuales, anuales, etcétera. Que nos acerquen cada vez a nuestro principal objetivo.

meta del día meta semanal
meta del mes meta a 1 año
meta a 5 años meta a 10 años

Tomaremos nota de todos y cada uno de los pasos a seguir para alcanzar nuestro objetivo y los recursos y herramientas de los cuales disponemos para llevarlo a cabo. Y si cada día podemos agregar uno más, mejor; mientras más alternativas o herramientas tengamos para llegar a nuestra meta, más pronto y fácil se concretará.

Subdividir nuestra meta final en pequeñas metas y cada día realizar uno de esos pasos que nos llevarán al objetivo deseado. Recuerden que una gran carrera comienza con el primer paso. Ir acercándonos a lo que tanto queremos requiere de perseverancia y paciencia.

Ponernos a trabajar ya, sin dilatar más los tiempos, ya demasiado hemos perdido.

Establecer un objetivo en la vida no es algo que se nos ocurra que debemos hacer, ponte a pensar un momento. Si tú no descubres qué te gusta, qué te genera placer, qué quieres hacer con tu vida, entonces probablemente no llegarás muy lejos, o no obtendrás los resultados que deseas. Si tú haces un trabajo que no te gusta, entonces nunca darás lo mejor de ti, nunca le dedicarás más tiempo del necesario, nunca harás algo extra, por lo tanto no hay posibilidades de que crezcas en ese aspecto. Si en cambio, haces lo que te gusta, si eso te apasiona, darás todo, trabajarás intensamente en ello y los resultados serán los mejores.

Todo inicia con una sencilla pregunta: ¿qué es lo que realmente me gustaría hacer con mi vida? Ahora supongamos que ya sabemos lo que queremos, ¿qué nos impide llevarlo a cabo? La mayoría de las veces son tres los factores determinantes que nos impiden concretar eso que deseamos:

  1. Miedo.
  2. Falta de confianza en uno mismo.
  3. Falta de información.

Superar el temor: es similar a cuando quieres estar con alguien que te gusta, ahora estás sin esa persona, si te acercaras y le dijeras que te gusta, ¿qué es lo peor que puede pasar? Que te rechace y seguir como hasta ahora: sin estar con esa persona, o sea que no retrocedes, solo te mantienes igual. Imagina que estás en el fondo de la piscina, solo tienes una opción hacia donde ir: hacia arriba. Tienes todo por ganar y nada por perder.

La falta de confianza: ¿Quién dijo que no podías? No tenemos fe en nosotros mismos porque pensamos que no podemos y esa es una postura muy cómoda. No puedo y como no puedo, ¿para qué lo voy a intentar?, pero pregúntate ¿cuántas veces lo he intentado? La fórmula como ya lo hemos dicho es simple: intenta, falla, piensa en que fallaste y vuelve a intentar. Edison tuvo doscientos fracasos antes de crear la bombilla, si se hubiese rendido en la ciento noventa y nueve vez que lo intentó, hoy probablemente no tendríamos luz. Ahora hazte la siguiente pregunta: cuando no sabías andar en bicicleta, ¿cuándo dejaste de intentar aprender a hacerlo? Es obvio que hasta que lo lograste, de otro modo hoy no podrías andar en bicicleta.

La falta de información: es justamente lo que estás tratando de superar al leer este taller…